Herman
Escalona nació en la Ciudad de México.
Siempre que le pedían su nombre aclaraba:
Herman con hache.
Un homenaje
póstumo al amigo, maestro y mentor. Recopilado y editado
este libro reúne
las inquitudes de un hombre: esoterismo, filosofía,
artes y política.
"Death
makes angels of us all".
Jim Morrison
Es verdad
que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Mi padre
era mi mejor amigo, mi maestro y mi mentor.
Era el mayor de cuatro
hermanos y estudió Ingeniería Química
en la UNAM. Fue miembro activo de los Scouts de México,
llegando a ser jefe de clan. Formó parte de la escolta
que trajo el Fuego Olímpico en 1968. En alguna ocasión
me contó que el barco llegó a tierra unos días
después de la Matanza de Tlatelolco.
Tenía
afición por los deportes, aunque en realidad, no los
practicaba mucho. Cuando yo era chico, salía a jugar
conmigo futbol y tochito. A veces, basketball. Le gustaba
el boliche y el squash, y no es por nada, pero era muy bueno.
Nos gustaba jugar dominó, cartas y ajedrez. Con las
cartas me enseñó muchos juegos y variantes,
por ejemplo, del póker. En el ajedrez, siempre me ganó.
Tenía inquietudes por el esoterismo, las ciencias ocultas,
la alquimia, las artes y la filosofía, todo ello vertido
en sus escritos.
Tuvimos
la oportunidad de asistir a muchos conciertos de rock, de
grupos como Deicide, Kiss, Iron Maiden (a los que vimos tres
veces), Scorpions (con mi mamá), Pantera y Deep Purple
con la Sinfónica. Asistió al evento donde Canserberia
abrió el concierto de Paul Dianno (primer vocalista
de Iron Maiden) en 2003.
Me enseñó
a tocar la guitarra y a veces hacíamos dueto para pasar
el rato. Nos gustaba ver el Súper Tazón. Fue
la única costumbre que hicimos nuestra de verdad. Cada
año, desde 1989, estuvimos viendo el partido grande.
A veces, apoyábamos al mismo equipo, pero casi siempre,
éramos contrarios. Eso le daba más dinamismo
a las tardes del domingo. Veíamos el clásico
América-Chivas y los juegos de la selección
mexicana en el Mundial, donde siempre terminábamos
mentando madres.
El último
día del padre (2005) estuvimos viendo un juego de México
contra Brasil, bebiendo cerveza y platicando. Fue el mejor
juego de la selección en mucho tiempo. Estaba muy ilusionado
por mi entrada a la escuela de escritores y siempre que yo
me metía en problemas, estaba ahí para apoyarme.
A veces, cuando iban mis amigos a la casa, se sentaba con
nosotros a platicar. Procuró apoyar a su familia en
todo momento. Decía que había que seguir adelante
pasara lo que pasara. Era el mejor amigo. Siempre leal, fiel
y sincero. En las buenas y en las malas. Ése fue mi
padre.
Por todo
lo anterior y muchas cosas más, me decidí a
recopilar los escritos que forman este libro y que desarrolló
a lo largo de su vida, deseando siempre publicarlos algún
día.
Sé que mi padre ya no puede ver esta recopilación,
pero es mi única manera de agradecerle todo lo que
hizo por mí.